jueves, 24 de febrero de 2011

Otra vez rechazado

MAL VICIO, LA CURIOSIDAD.

Amanecer…, con alguien, ¿amado?, qué bien. Con más de uno, mejor. Y, a fin de cuentas, ¿quién nos despierta?
Desde hace un poco más de cincuenta años San Marcos amanece con dos. Son más que amigas, primas. Lo comparten, lo circundan, lo festejan, lo aman…, y han hecho que sus familias también se dediquen a él. Doña Rosario “Charito” Báez lo levanta desde adentro y su colega Aida Ruiz lo acompaña a la misa en Santa Catalina.
La Curiosidad es mal vicio, me dice Charito cuando empiezo a preguntarle por su labor y su vínculo con el barrio. Es que soy periodista, quiero hacer una crónica sobre usted y ya sabemos que San Marcos siempre ha sabido disimular su vicio, ¿verdad? Escuchar, leer, saber…, saber callar. A esta edad es lo que nos mantiene vivas. Imagínese, qué más voy a esperar ahora, todo lo que tenía la vida para mí ya lo tuve… Hijos y nietos hacen sus vidas, nos ayudan, algunitos también están en el negocio, me han dicho ambas, Charito y Doña Aida.
Hoy era de amanecer con Charito. A las seis y Treinta ya estábamos esperándole en la Plaza, pisando adoquines y arrimados a piedras que llevan allí desde 1597, antes que, por estar “Sur les terres del Equateur” nos convirtieran en la república que, entonces, ni siquiera, pensaba en tener una prensa, menos una imprenta y ni de sueño un medio de comunicación. Guttemberg ya viva en la escena mundial, pero en el nuevo mundo, al igual que el viejo y en el ignoto, aún todo era tinta china y pluma de ánade austriaco. En esto pensaba yo cuando me dije, Mejor camino por el barrio para encontrarla en su recorrido, deslizando la noticia por los umbrales que la mañana aun no calienta, enseñando la primera plana, porque, a su edad, ella ya no vocea.
Yo me voy por toda la Junín y completo hasta la Silva y la Texeira, luego me siento en algún zaguán, me había dicho ayer, Como aquí me conocen todos, me buscan y les vendo. Pero eran ya las siete y cuarenta y cinco, la Charito no aparecía. Tocará buscarla. En la picantería Laurita, me dijeron que a la “mamitica” no la habían visto hoy, que estaba ya cuchita y que con sus veinte periodiquitos se demoraba como tres horas en recorrer el barrio, que tenga paciencia, ella nunca falta un día… A sabiendas que subiría desde la Marín me ubiqué entre la Almeida y la escalinata con un ángulo que la descubriera de seguro.
A las ocho y cuarto se instaló en la Plaza una banda estudiantil y entre bombos y platillos llegaron las nuevas estrellas del maratón infantil, pero de la Charito, ni el polvo. Preocupado, rehíce su recorrido y pregunté por ella en toda tienda abierta, en La Casa de la Danza, en La Parroquial, en la del Pintor Zapata, en la del doctor Abram, en el Museo de la Acuarela Oswaldo Muñoz Mariño, en la de los Ortiz y los Belalcazar. Todos la esperaban igual que yo… ¿Qué será? Frente al Museo de la Arquitectura (qué de intelectualidad rebosa San Marcos, cuánta historia reunida), un caballero con pinta de burócrata atrasado a su ministerio, me dijo que a lo mejor estaba con Doña Aida, en la esquina de la Espejo y flores. Claro al margen del barrio para no competir ni estorbarse, a por ellas…
Hace años, yo cargaba un tongo de comercios tan pesados como uno de estos adoquines, me había dicho Charito, había casas en las que me llevaban de cuatro en cuatro, pero esas familias ya se fueron del centro, solo quedan las señoritas Moscoso, los Guerra, la doctorita Ruiz, los Villacís, don Puente y las monjitas, esas no se han de ir nunca… Ahora yo saco para el almuerzo no más, si de cada diario me gano doce centavos, con veinte ya tengo… El cuarto en el que vivo me lo paga un hijo mío, allá por el colegio Espejo. Y, mi otra hijita termina de vender lo que yo no hago en su tienda. Trato de descifrar con impertinencia su edad y me dice sonreída, Yo empecé a vivir desde que entrego el diario, o sea que tengo un poquito más de cincuenta. Sabia frente a la insolencia.
Ya la vi. Está armando el puesto, me voy acercando pero, dudo. Ese no es su chal, ella usa sombrero de fieltro azul, no lleva gorra. Ah, Claro es que ha sido doña Aida. Intento sorprenderla pero se percata de mi sombra a su lado, larga como la espadaña de Santa Catalina. Voltea me mira y creo que no me reconoce. Cómo le va, Bien, me contesta, aun dudosa. No ha aparecido la Charito, le comento. ¡Ahh! El de la revista ha sido, Sí mi doñita. Ayer se fue temprano y hoy no le visto alzar, es que ya no somos niñas, ahora todo ya nos pesa…, y se encorva para sobarse unas rodillas paquidérmicas. A lo mejor está enferma, ojalá que no.
Al igual que su colega lleva en esto de repartir diarios más de cincuenta años. Son las que madrugan a San Marcos, con la voz de La Hora, El Comercio, El Hoy, Súper, y las revistas de moda. Hoy entre todos no vende más de ochenta al día. Hace años que dejaron de traer a Memín y a Kalimán, y nunca, me jura con sonrisa pícara, Nunca esas de lluchas. Le creo, pues cuando le aviso que desde la acera de enfrente hace un buen rato que nos fotografían, se sonroja y me invita al recorrido de esta mañana, Cortito no más, me llego hasta el colegio del Claustro de Santa Catalina, a la peluquería, al hotel de las buenas mozas, que ahora las han sacado de la Junín, pero empiezan antes que yo y de allí me regreso. A quien madruga…, A todos nos ayuda Dios, termina mi adagio, y continúa. Trabajando en la calle se ve de todo, se conoce a todo el mundo, se aprende a reconocer y a olvidar. Una se vuelve como el diario mismo, porque por aquí han pasado comprando políticos y famosos, y de mí nunca se acuerdan, lo que quieren es verse en la foto.
Merece sus quince minutos de fama, cuando salga esta edición no la olvidaré. Aunque tenga que amanecer en San Marcos y con una de sus despertadoras, ella verá su foto. Lo prometido es deuda.

¿MI ANGUSTIA? LA TUYA

Así titula esta muestra su autor, Rafael Ruales, arquitecto, graffitero, pintor y ex loco; recuperado de neurosis, psicosis y paranoias esquizoides, que pueden dañar a muchos, pero que a los artistas nos diploman en experiencia intrínseca, en emociones sublimes, en realidades paralelas y alternas, y que nos hacen ser “el otro” desde el “uno mismo”…, desde ese amor propio que la gente confunde con amarse en silencio y hacer crecer vello en la palma de la mano, cuando lo cierto es, cito a Michel Onfray, dilecto amigo de Rafael “que es lo que queda de animal en el hombre a pesar de los siglos de domesticación ética. (...) Imposible de erradicar, la memoria y la huella de las selvas, los bosques y los peligros de los que procede nuestra especie.”
¿Su angustia? Me pregunto, o más bien me lo aseguro, porque sé que así no es la mía, la suya… La tuya, Rafael está en este mural, universo hecho de cuadrados en rosanegroamarillos de los que siluetas del afecto trastocado y abusador emergen con un trazo descuidado para sorprender, atacar y picotearme un ojo. El ojo que dejo abierto para acechar algún intruso solapado que pretenda tocarme cuando me toco… y vuelve el ansia a mí con el eco de Onfray-Ruales… “El funcionamiento de la angustia es simple: todo aquello que se le resiste debe morir, volatilizado, aniquilado o, más sutilmente, integrado, digerido, asimilado. (...) Como las sobras de una comida fosilizada, mineralizada, esos ecos de la prehistoria permanecerán siempre en nuestro sistema nervioso." O sea, La escultura de sí por una moral estética.
Pues para llegar al Ruales que aquí se muestra en un mural de 12 cuerpos, amores cínicos, y 14 cuadrados individuales más, universitos universalis, no nos basta con el mataburro, hay que descubrir nuevas angustias. ¿Nuevas íntimas aflicciones? Me pregunto…, congojas atrapadas en el santísimo culo de María Aurelia; imágenes capturadas en lo estrecho que son los recuerdos cuando ya no tienen ni lugar ni tiempo. Porque del latín, la angustia arrastra dificultad y aprietos y nosotros la estiramos hasta el ansia y la opresión. La angustia no necesita causa precisa, no es como la náusea pero también se nos anuncia con sofocos y sensación de opresión al sur del abdomen. Todo esto pensé mientras esperaba la llegada de Rafael, la semana pasada para, viendo la obra en compañía del autor, tener los elementos como para escribir esta crónica sobre su arte, sobre su recorrido y lucha, sobre su ejercicio peripatético y madrugador en su vivienda taller que hoy nos muestra grato.
Pero, Ruales llegó con toda su angustia a cuestas de su carpintero y en camioneta blanca. Anecdótico pero nunca casual. Coincidencias en Pascuales, decía mi abuelita. No es casualidad; pues, Rafael ya no es angustia, ahora él es su obra y su obra ya no es suya. Ahora la obra habla sola y es nuestra. La contemplamos aquí, amplia, abierta, reconstruida sobre el “uno mismo” que ya citamos y el “sí mismo” que la hace única, es evocación postmedicada, es epifanía musical, madrugada bethoveniana, es la comedia de un dolor que es el dolor que fue y que ya no dolerá; porque el signo que provoca e intriga está en el siempre de la imagen, en el hoy de lo que se nos muestra… En lo esquizoide del tiempo, en el grito neurótico del lugar vivido, en la psicosis ansiosa del ¿quién quiero ser? O del ¿ya fui o es que me fueron?
De hecho me siento un poco contagiado del mal de Ruales, constante del quehacer artístico, trasgresor y provocador desde lo íntimo, y recuerdo a otros que han transitado esta avenida extraña y potente: Immendorf, Polke y Munch, cada uno en su lugar y a su tiempo, son referentes de la criptoamnesia que es la creación tras la crisis depresiva o nerviosa reforzada por la intensidad neurótica. Así, descubro similitudes y peculiaridades: Las Marías de Ruales llevan de la Madonna de Munch, la sensualidad atrevida y el velo misterioso de la muerte sexy. Del homenaje directo, en el grito de Rafael, la tensión máxima que se cuelga en la utilización de colores intensos, brillantes y chillones. La sensación de zozobra del postimpresionista y simbolista que usa formas simplificadas y colorido no naturalista para comunicar las emociones y resignificarlas con violencia en la conjunción de las líneas y la distorsión del ritmo espacial.
"Como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos muchos."Me dijo, Rafael recordando sus lecturas sobre DeLeuze y yo transcribo ahora para presentar sin miedo los referentes y los orígenes y, sigo citando, “No llegar al punto de ya no decir yo, sino a ese punto en el que ya no tiene importancia decirlo o no decirlo.(...)El sistema-raicilla o raíz fasciculada, es la figura que nuestra modernidad invoca con gusto.(..)En los rizomas existen estructuras de árbol o de raíces, y a la inversa, la rama de un árbol o la división de una raíz pueden ponerse a brotar en forma de rizoma."
Todos nos encontramos interconectados en la creación, no podemos decirnos únicos o auténticamente originales, pues emergemos del mismo terror y pagamos con la irreverencia contra el otro que es la verdad de uno mismo; en Ruales como en Sigmar Polke signado como un elemento anárquico, el punto de quiebre en la estructura del paisaje, para Rafael es el cuadrado generador del circulo y la espiral de vida, para Polke el sello pop que aparece como parodia, para ambos en sus técnicas particulares, a las pretensiones artísticas de los nuevos creadores, sobretodo de los postmodernos y conceptuales. Habrá que reírse entonces del nuevo conceptualismo y recordar que ahora ya la anécdota no tiene que contar una historia si no provocar e intrigar al espectador para que surja el cuestionamiento.
“Una vida filosófica. Una perspectiva de sabiduría (...) Utilitarismo pragmático (...) Un sistema hedonista”. Me aclara Rafael nuevamente sobre sus lecturas, citando a Chamfort y Onfray; claro, ¿por qué no? Y yo me acuerdo de Immendorf y su perturbación social a través de mostrar un estilo grosero poco elaborado, podríamos decir casi descuidado, lleno de símbolos crudos…, Eso encuentro en Ruales, también. Porque, vuelvo a citar, “funciona como imperativo categórico hedonista: goza y haz gozar sin hacer daño a nadie ni a ti mismo, esa es la moral. Está todo dicho: goce de sí mismo por supuesto, pero también goce del prójimo…” Esa es la fiesta, ésta fiesta: iconografía propia sobre su noción de lo que debe ser un cuadro; signos iconográficos, mensajes cifrados y animales recurrentes.
En Rafael el perro y el gallo, Materializan lo que motiva su forma de pensar, de gritar su pensamiento, de llorar callado su verdad de niño abusado por el entorno y por su reflejo, desafiando los obstáculos, equipado justamente por el espíritu desafiante que es una terca obstinación. Sobre y con rostros de familia, amor apóstata, el auge o derrumbe, triunfando o cayendo, se atreve a decirlo todo, lo que los conformistas sociales no osarían jamás siquiera pensar. Ahí se fundamenta su expresividad plástica y sobre todo ilustrativa.
Autorretratos y familia con perros y gallos se asocian con el único yo y la persona que los mira. Conscientemente, otorga a su obra ese carácter decidido y directamente irritante de imitar, emparejándolo con la anarquía de los sistemas establecidos. No se cansa de criticar y puyar, la autodefinición del artista ocupa el centro de sus reflexiones: El sagrado corazón de Jesús, sobre una María madre, el antiedipo versus mil mesetas, topologías filiales y fraternas, trasfiguraciones y masacre de la intimidad. Etología de sí. Una Angustia… sigo en la pregunta inicial y espero que ustedes, público y relectores, me contesten cuestionándose…
“Lo angustioso es un festín orgiástico donde los miedos agazapados gatean a ojos cerrados dentro del túnel de la memoria…”
Salud, amigos por Ruales y por su obra.
Buenas noches.