miércoles, 7 de agosto de 2013

Texto que fue leido el 26 de julio del 13 en la presentacion performatica De Elizabeth Neira en el Bukowsky



Cucabyecta en negro y blanco


¿Qué es el arte sino ilusión?, dice Eli Neira en su blog y podríamos contestarle condescendientemente que, Sí, claro tienes razón Eli, como dice el comercial de HP: La magia no está en crear de la nada si no en hacer creer que lo hacemos. Y Hp lo logra porque es un ordenador facilitador de signos. Pero, en el mismo blog, la Neira sigue con otras preguntas: ¿Qué son los signos? ¿Qué son siglos y siglos de pintura, poesía, teatro novela, sino pura y cara ilusión? Preguntas, digo, que prefiero sean, sino contestadas o aclaradas, al menos vislumbradas en la ofrenda que esta Poeta nos tiene preparada para esta noche.  Y, sí, dije ofrenda. Pues esta no será una lectura muy a la tradicional usanza: primero porque no nos gusta y después  ya que tendremos con nosotros no a cualquier poeta de esos que saltan por docenas cuando pateamos un adoquín en la plaza Foch. No.
Hoy estará con nosotros La Neira, así con mayúscula como cuando se habla de La Félix, La Rubio, La Montiel, La Malinche, La Garbo, La Sáenz, La Toty  y todas esas mujeres que se han ganado el artículo en letras de molde Times new roman, bold y pica 30.  Ella es Elizabeth Neira, Chilena que ha participado en encuentros de poesía y performance en Chile, Perú, Argentina, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia, Venezuela, Brasil, Canadá, España y Suecia. Prontito podremos añadir Quito y Guayaquil en Ecuador. Ha publicado en antologías de Chile, Argentina, Perú, México y España. Ha sido conductora de talleres literarios en México Chile y Argentina. Actualmente dirige la micro editorial “Abyecta Ediciones Rabiosamente Independientes”. También realiza encuentros de poesía y performance como productora de arte independiente a través de la productora fantasma poesiAccion, gestión de cultura requetekontra independiente. O sea que La Neira es  poeta, periodista y performancista.

Tan solo para que les coja la curiosidad les leeré un poemita que he construido con las justas palabras con las que la Neira justifica una performace ante la impotencia de los signos:  




Cucabyectos

Me fotografío cagando
para que no quede duda
real y mediática a la vez,
más real (aunque menos mediática)
que las tetas de la Bolocco.
Más real que el dólar y el peso.

Mírela usted, huélala usted.
Mírela bien…
¿Qué se siente cuando bautizo
con el apelativo apócrifo
de “El enemigo interno”
A mi producto bruto?
¿Qué siente? ¿Asco?
Ilusión de significado y de comunicación,
ilusión de trascendencia

Chúpate esta…
Así he bautizado yo a mi caca
Porque la perfomance es así:
Como cagarse en público
O vía

Así que, para irnos preparando un poco y tomar fuerza, como telonero de nuestra invitada, La Neira, les he traído un cuento mío, un texto cortito: Montañas locas.


Montañas locas
        
         Las montañas de la locura las ha construido el hombre.  Construyó en piedra, en paja, en adobe, en mierda, con argamasa, con cemento, con madera y cemento, con acero y cristal, con las dos leches y sangre.  Con fuego y osamentas tejidas que sostenían  arquitrabes de ladrillo.  Construir es la locura.  Habitar, poseer, penetrar, eso quiere.  Y si no que lo diga Juanita, la última de las últimas putas de la bahía,  esa mujer  que me explicó, retórica y panfletera, el significado de la sexualidad humana.
         Solamente pedía que le comprara paquetes y me contaba cada vez una versión afectada por su sensibilidad de ese día, tal vez el morocho la ponía tierna y el trago sensual, y para cada vez tuvo ella su remake.  Los hombres no existen.  No hay hombres.  Claro que no, todos somos mujeres, eso lo sabe todo el mundo, le contesté y ella rió a carcajadas.  Por eso es que te amo, y me invitó al Plei lan par, A la montaña rusa, que es una locura.  Pensé en mis montañas locas y me decidí.
         Le compré cinco dólares de paquetes que mientras viajábamos en la dos iba roleando con grifa chola como ella para armarse sus maduritos.  Siempre tenía un tema de conversación obvio como sus lonjas impúdicas y el ombligo brotado que estaba acostumbrada a mostrar.  Yo desde siempre supe que no había, no como esas compas que ya de viejas dicen, Ya no hay hombres. Si nunca hubo.  Los hombres para las cojudas, y se pegaba su risotada, pero nadie en el bus se volteó, ni el chofer nos chequeó por el retrovisor, ¿la conocerían?, ¿estaríamos allí?
         Me meo, me meo, en lo más meneado del viaje.  Aguanta, grité y  empezó a desacelerar la máquina.  Cuando bajamos, me arrinconó tras un poste oscuro y, mientras se prendía el primero, se bajó los calzones y me orinó sobre los pies enchancletados.  Era totalmente lampiña.  Ves que puedo mear como hombre, y si me pongo la mano, así, igualito.  Era cierto,  tomé esa mano y nos fuimos a la montaña. Tenía  dos caídas libres y una sola espiral vertical.   Dos veces se recorrió todo el camino pero en la segunda vuelta no hubo espiral; durante las dos Juanita, contra el huracán,  prendió su maduro y aulló como lobo agradecido, perdón, loba.
         Sí soy una loba.  Bajando de esta montaña esa declaración no podría ser más que la verdad, no cabía cuestionarse, se lo asume rápido y hay que seguir andando a algún susto nuevo.  Ya estoy loca, vámonos ya.  La seguí, como hice durante toda la noche, ¿Nos vamos a pie?, paseando.  Bueno.   Llevábamos muy buen ritmo y ella fumaba igualmente rítmica; no sé de donde sacaba tantos, así que la increpé, ¿Y por qué es que todas somos mujeres, ah?  Sí, ya te cuento.
         Hoy no quiero música, ni baile.  Nos vamos al Rincón a encerrar en los privados. Cogimos largo por Esmeraldas y allí, en un privado del Rincón, en esa tola de esquizofrenia, compartimos su trago y los paquetes mientras ella hablaba.  No ñañito, si ni sé cómo empezarte esta vez, qué te digo.  A los catorce años a mi mamá la embarazó de mí su primito, el más lindo, de su misma edad, que la amaba y sólo podía darle su amor, lo único que no se le acabó jamás.  Antes de que Ernesto, mi papá ¿verdad?,  cumpla veinte, ya se habían hecho dos más y esperábamos el último; en ese año nos mudamos a la casa lindísima y elegantísima del señor que mi papá nos presentó como, Un señor muy bueno, a quien yo quiero mucho porque él me quiere mucho a  mí y por eso a ustedes los ama tanto como yo.  Y lo hizo, a mi padrino lo adoro, mi  vida me la perdió otra de esas locas disfrazadas de machos.  Todas somos mujeres.  No me acuerdo si hablaba mientras fumaba o se tomaba descansos de los que no tengo memoria, ¿será?
         Lo anormal son los capataces, gerentes, presidentes, los mandones,  sabes, ¿entiendes? Ustedes, los chicos, tienen picha porque es necesario, pero tienen todo lo demás y hasta sienten como nosotras, ¿quién diría?  Los gays son los hombres de verdad, que son mitad picha y mitad cerebro, porque locas son del culo, no de la cabeza, eso decía el señor, mi padrino.  Como de niños ven que tienen pinga, creen que son machos y, sin alguien que les diga que son mujeres con pipí, terminan creyéndose el cuento de niño macho no llora.  Eso que les hacen ser.   Los hombres son un invento de los hombres dañados. Toda mi familia es bisexual y yo soy puta porque me da la gana.  Ya te dije.
         Cuando llegamos casi se caía.  Apagó su maduro y guardó la chicharra.  Las montañas de la locura son la crueldad necesaria, el tributo que las mentiras nos arrancan.

UNDER ES RESISTENCIA!









Intermezzo

Ayer estuve en la Mariposa Nocturna,  presentación de los grabados de Arnoldo Sicles  que con su exhibición y su propuesta xilográfica nunca se imaginó que abriría en mí un diluvio de recuerdos, o debo decir tal vez, marejada de estampas… Porque es así como funciona la memoria: un evento cualquiera en nuestras vidas, llamémoslo matriz,  se empodera y revive cada vez que la palabra lo estampa en un relato, como en estas estampas del proceso y edición variable de veinte ejemplares que nos presenta la Estampería Quiteña…
Memoria, xilografía, piel…  
Una vez que llegamos en la vida a alcanzar el modelo total de nuestra propia imagen, digamos el boceto final, la matriz, la flor de la juventud, nuestro esplendor máximo, la piel se encarga de, cada treinta y seis horas, renovarnos íntegros, y hacer una copia de nosotros mismos.  Sí, eso somos: xilografías vivientes que caminan y hablan en colección de millares de ejemplares, que se van descartando sobre sí mismas y terminarán por desdibujar el boceto original, para que con un empaste de tintas nuevo volvamos a coquetearle a la vida.  ¿Cómo podemos llamarnos viejos, si somos nuevos cada día y medio?   El tiempo es como esta Exposición que nos enseña a valorar la distancia desde la matriz hasta la última  impresión.

Improvisar hasta que regrese Elizabeth.


Texto que fue leido el 24 de Julio del 13 en la Exposición “Mariposa Nocturna” de Arnoldo Sicles, a través de la Fundación Estampería Quiteña:



Xilografía, piel de la memoria.

Hace un chorro de años, allá  por los ochentas del siglo pasado, vine a vivir por primera vez a Quito y, en contra de toda sana advertencia de mis buenos amigos, decidí románticamente y por comodidad también -pues trabajé en el Ministerio de Educación cuando quedaba en la Mejía y Guayaquil-, conseguirme un alojamiento en el Centro Histórico de esta capital.  San Marcos fue el refugio donde me recogía franciscanamente los primeros días luego de servirme una crema de churos de la plaza de la Victoria de a quince sucres. Y como cada vez ese regreso a la seguridad se fue haciendo más y más tarde, una de esas recién oscurecidas noches, pasando bajo el Arco de la Reina, bajando la Rocafuerte hacia Santo Domingo, yo me encontré con una negra y verdadera mariposita nocturna.
Aunque se me ofreció tan barata como la sopa de churos, resultó mejor hacernos amigos y entrar a la Cascada a tomarnos unas bielas.  Cuando la mariposa se iba a ocupar (no les parece lindo ese eufemismo) yo regresaba a San Marcos; pero, hubo veces, sobre todo cuando llovía,  que se quedó conmigo y me escuchó nostalgias, desamores, bien amores y hasta traiciones  con la paciencia y el celo que solo podemos tener aquellos que sabemos disfrutar de la vagancia y hacerla arte.  ¿No le parece don Arnoldo?
No tenía cabida mi mariposa en lo que para ese entonces era el campo de batalla de la tuentifor, aquisito no más.  Ella era de las desplazadas sin cuarto a parte, que debió rondar  desfilando la cuadra de la Guayaquil a la Venezuela, con aleteo corto de polilla morena vaga trota calles y, alguna vez también, arrodillarse a laborar vestida de oscuridad y de fetichista delicia en el pasaje de la Bolívar.  Cosas como esta me contaba cuando yo había agotado mis lamentos y mis sucres; entonces, tratándome  como si fuera un niño, me daba un beso en la frente y me encaminaba hasta la Flores y hasta la próxima enbielada.
Sicles con su exhibición y su propuesta xilográfica nunca se imaginó que abriría en mí este diluvio de recuerdos, o debo decir tal vez, marejada de estampas… Porque es así como funciona la memoria: un evento cualquiera en nuestras vidas, llamémoslo matriz,  se empodera y revive cada vez que la palabra lo estampa en un relato, como en estas estampas del proceso y edición variable de veinte ejemplares que nos presenta la Estampería Quiteña…
Memoria, xilografía, piel…  
Una vez que llegamos en la vida a alcanzar el modelo total de nuestra propia imagen, digamos el boceto final, la matriz, la flor de la juventud, nuestro esplendor máximo, la piel se encarga de, cada treinta y seis horas, renovarnos íntegros, y hacer una copia de nosotros mismos.  Sí, eso somos: xilografías vivientes que caminan y hablan en colección de millares de ejemplares, que se van descartando sobre sí mismas y terminarán por desdibujar el boceto original, para que con un empaste de tintas nuevo volvamos a coquetearle a la vida.  ¿Cómo podemos llamarnos viejos, si somos nuevos cada día y medio?   El tiempo es como esta Exposición que nos enseña a valorar la distancia desde la matriz hasta la última  impresión.
La última vez que vi a mi mariposa nocturna de Cascada cervecera fue para darle un obsequio.  Yo viajaría a Guayaquil al día siguiente para pasar navidad con mi familia.  ¿Qué quieres para navidad?, le pregunté yo a la negra Carmen, porque así se llamó mi mariposa.  Y ella me pidió una muñeca. Me reí como el idiota que fui en ese tiempo y me volví a San Marcos. Al despertar, cobijado por la seguridad y ya sobrio, esa solicitud no me dejó pensar en ninguna otra cosa durante todo el día. Al salir del trabajo me fui a Ricky y aunque me costó cuatrocientos cincuenta sucres, o sea treinta sopas de churos, le compré una Barbie, que le encantó e iluminó su sonrisa de mazamorra.  Carmen, dije y me le acerqué para preguntarle quedito, ¿Cuántos años tienes? 
Y mi mariposa nocturna, la negra Carmen, toda piel, xilografía y memoria, lo recuerdo muy bien…, me contestó que catorce.


miércoles, 24 de octubre de 2012

Desde la otra ternura, ¿qué ha de serfff?


Este texto fue leido en el marco de La Feria Internacional del Libro de Guayaquil, el 16 de octubre.

De tanta ternura queda un rastro de asco
Como en el holocausto de los lirios


Primero hemos de entender qué es la ternura para así arrojarnos a descubrir la Otra Ternura. Y, en este caso habremos de recurrir al mataburro,  XXII edición: Ternura,  fem.,  calidad de tierno…  ya comenzamos mal, el idioma machista ya le da genero, o sea una diferencia, Es “La” no puede haber un sentimiento ternurico, si  un padre se fotografía con su hijo en brazos brillando sus ojos conteniendo lagrimas de alegre orgullo no se puede hablar de lo ternuro, será siempre la ternura en ese hombre…  Qué hetero normativo que es el lenguaje. Y, ni que hablar de las nuevas fotos familiares, donde dos machos llevan de la mano a una niña al parque. Pero, prosigamos, en la información toca ahora saber qué es lo tierno; a lo que siguen muchas acepciones: Adjetivo y es de doble género, que se deforma fácilmente por la presión y es fácil de romper o partir.// 2. Reciente, de poco tiempo.//3. Afectuoso.  Así que lo que se deforma fácil o fácilmente se rompe o quiebra, es tierno. Lo reciente, lo nuevo, lo no maduro, lo verde… La niñez, que no la infancia.  En lo afectuoso, cariñoso y amable reside lo tierno con su calidad de ternura.
Lo más tierno en el ser humano es la piel. Pues, cuando se ve más madura es cuando de tanto ser nueva, nuevamente, se la siente grumosa y agrietada.  Cada treintayseis horas tenemos piel nueva pero ya no es la primera ni se la siente igual…  Es en esa superposición de nuevos Yos que se nos va la ternura.  En la incapacidad de regresar a el primer Mi donde se construye la madurez.  Y como ya no los tengo ni los soy, los busco en lo que si se siente debutante.   
 Lo útil que es el amor a la revolución ordenadora es proporcional a lo que es la ternura a la revuelta organizativa. Héctor Hernández
La ternura es, quizá, la más fundamental de las operaciones del Yo emocional, o dicho, de otro modo, de los lenguajes emocionales; es libre, no se restringe a edad, raza, sexo, género, estado de salud, religión, clase social. Ni siquiera es exclusivamente humano. No es discursiva, sino realizativa. No se habla, se está haciendo. Gerundia la realidad.
La Vivencia de la ternura anula el tiempo cronológico, hiperconecta con dimensiones no verbales, cósmicas, Es un infinito presente. Desde allá no existe la ordinariez del pasado o el futuro. Todo es. Deviene. Deviene ternura y no amor. La vivencia de la ternura es psicomagica y desnuda, no exige propiedad ni dominio. Está fuera del mercado. No se celebra ni tiene día donde comprar es creer.
No hay escenografía. No hay guión. No hay discurso amoroso. Para HH: Es lo menos parecido al amor. Ese sí se restringe contextualmente. Es enunciativo. Egoísta. Busca la conveniencia y el retorno. Está interesado en la propiedad privada del deseo.
En lo subsiguiente hablaran las voces que llevamos la etiqueta “Desde la Ternura, siempre” a ver qué les parece. 
De Luis Franco, 
Aquí murió algo que saboreó el odio en la
Voluptuosidad de los cuerpos
En este costado, la pus y el vomito
Escriben la condena
De la perra que tengo atada al pellejo y la rabia
El demonio femenino que habita en mi se
Desvanece
Cual es el acto reparador
De ese NO que mancha las manos
Cuarenta mil jovencitos poblándote el verano

De Don Cuca,
Cuando un niño toma el mal camino
suele aparecer de la nada un lobo

Cuando un adulto comprueba
que su sendero ya no es bueno
debe ser porque el coyote
lo acompaña desde el ocaso
y las hienas han batido risa estercolera
en cada huella marcada de su recorrido


Me asusta esta otra ternura
quien se la llevara
y hasta dónde

Pregunté a la madre de la realidad
y me contestó tan honesta y justa
A las fauces de Luppus
pues la presa más disputada
ha sido siempre la más tierna

a la salù depredadores

Los Angelitos Verdes joden aun.


 Este texto fue leido en la presentacion de ANGELES SODOMIZADOS,  en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guayaquil, el 15 de octubre.


Angelitos verdes

¿Molesta el angelito?,  preguntaba mi abuela a mis padres cuando uno de mis hermanos, o yo mismo, hacíamos un berrinche avergonzándolos en público.  No, contestaba mi padre y proseguía,  Aún está verde; molestará cuando esté maduro.  “Un escupitajo primario de toda rebelión ante el discurso del poder que tiene su núcleo en la juventud”, ha dicho sobre los Sodomizados, Javier Lara Santos, y yo sentí la conexión inmediata y el auto reconocimiento directo con el texto porque recuerdo que algún momento, no hace tanto como pueden imaginarse, yo fui un Angelito Verde.  De allí que me arrogue el derecho de escarbar en este poemario y, en primera persona, presentarles todos los Ángeles de Franco en un recorrido por sus propias  imágenes que se mezclan con mi infancia secular:
En milseiscientossetentaysiete, Sor Juana Inés de la Cruz, ya sabía que a los angelitos los inventó  el hombre para servirse de ellos y esclavizarlos, ya acordaba en salto cuántico con Lara y Villon que la juventud siempre será un abuso. Así, decía, Venid, volad, Serafines alados… Siempre felices Celestiales Cortesanos bizarros, haced gala lo rendido y primor lo enamorado… Sin que los viles, humanos bajos vapores se atrevan a empañar candores tantos…  Y es que a todos nos tocó un tanto de pólvora, de noche y de niebla en la ruta por dejar la condición angelical y empezar a pecar con conciencia… En palabras de Víctor Vimos, Es la juventud hablando… Es la demostración de que tras esta primera fiebre, este primer augurio, estará la poesía.   Lo demás no importa.
De Franco, verdes o sodomizados, los Querubines comienzan su periplo en la    … misma llaga / donde hurgábamos el pasado, el agua / purulenta y el cántaro roto; / la mentira sobre los campos humeantes en / la oscuridad de las biografías… Porque todo debe tener un inicio y pobre de quien no sepa cuál es su origen, pobre aquel que ubique su génesis en la noche de los tiempos o, peor aún, de aquel que no quiera recordad o reconocer su propia estirpe. De esa posible negación nacerá siempre la iniquidad y la vergüenza.  La palabra de Franco, como debe ser, se yergue orgullosa sobre sus principios y los presenta como una jaula de piel y tiempo, cuyos barrotes han sido los años  de miedo y opresión… Y: …Quinientos años de cárcel y la misma / golondrina / comulgando con los albatros, dice, otorgándonos alas, como a las ganas, a las ilusiones y a los deseos que llegarán allí donde: …murió algo que saboreó el odio en la / voluptuosidad de los cuerpos.   Y como  grifos nuevos del siglo XXI  …dejemos morir / lo griego,  / lo cristiano  /  y el occidente.
Ya volamos solos, y recién vamos por la página veintiocho. ¿El águila ha desanidado a sus polluelos?  ¿El timonel enrumba su goleta sin patrón o vigía? No, estamos solos porque y entre paréntesis …(La madre ha muerto) /  y … La cicatriz de esta soledad reposa  /  en el vientre monosílabo de dios…, entre comillas.  La voz lírica, ahora, ya tiene potestad y dominio sobre su anécdota y supera lo humano y lo divino pues muta y nos transforma, nuevamente entre paréntesis, en (Los hijos detrás de la sangre) /  cetáceos, anfibios, cuadrúpedos. / levantemos la piel, sacudamos el disfraz…, dice Franco, y yo, ingenuo, pienso en el armario de mi abuela donde me crecieron mis primeros alerones lepidópteros, como de zángano bujarrón, cuando aprendí a besar en la oscuridad.  Espero que todos recuerden su propio descubrimiento: …Yo tenía, continúa el poeta, un ángel polifónico / al que besé y amé debajo de los /  manzanos.  Vieron, no me equivoqué,  como no me equivocaré cuando, recordando les recuerde que alguien nos sacó de ese closet y nos castigó por haber sido dichosos, ¿miento? Y dice: … ¿Cuál es el acto reparador / de ese NO que mancha las manos? / ¿la cruz? / ¿la cicuta? / o / ¿la poesía?
A esta altura del vuelo, la presa siempre estará dispuesta a no saber, a ignorar, a hacerse la desentendida, a creerse humana y pensar que está leyendo un poema de Franco que no le hará daño; y jugará a ser rescatada por la metáfora, a resucitar en el símil o el retruécano, a dudar que acaba de leer  bajo la –F-  la línea fatal que en picada le recita el predador halcón con las garras encrespadas:    …¿Para qué sirve la virilidad del pájaro  /  en las visiones noctívagas del espanto?  Poeta y lector, presa y predador se suspenden en una mancha de amor púrpura  y la –F-  los sella: … La noche extenderá sus brazos /  encima del mar que aún me espera / totalmente acabado.
A ver angelotes, amores míos, pongamos los pies sobre la tierra un ratito, ¿Qué es todo esto?, ¿un susto, una metamorfosis o un ruego? No teman es tan solo otro poemario; es un libro, nada más, manchas de tinta sobre papel blanco, ¿qué mal puede hacerles? ¿Por qué habrán de creerle?, cuando lean que:   …Existe un dios que apenas / cabe en la mano de un gorila.  /…El puñal es una vocal abierta.  Y, aún no llegamos ni a la mitad; pero les aseguro, en mi calidad de honesto cortesano celeste, que este texto no es satánico ni diabólico, todo lo contrario, es un poemario donde la pureza no ha aprendido a temer ni ha recibido instrucción o educación básica, donde la pureza, repito, es como el Mercurio, metal líquido donde se reflejan las miradas de todos nosotros,  atentos angelitos verdes que no necesitaremos de su lectura para llegar a ver un día: … el holocausto del lirio. /  …La selva labrando el canto. /  …al sol escribiendo una mentira. /  No, no tendremos que leer a Franco para entender que un día  nos quedaremos: …solos con nuestras muñecas de cartón.  Yo, simplemente, recomiendo  que podemos estar prevenidos y anticiparnos sin dolor a la verdad que, implacable y sin poesía,  nos aplastará, también un día.
¡Qué atrevimiento!, me dijo mi abuela Blanca, cuando una mañana cualquiera entré a su habitación y la contemplé sin su peluca rubia. No me asustó su cráneo calvo y amoratado por la quimioterapia, pero sí me dolieron sus palabras.  ¿Por qué no tendría el derecho a atreverme a verla así y sin miedo? Claro que no se lo pregunté en ese momento.  Esa es la pregunta que me salva siempre cuando leo poesía, de la buena, de esa que hay que atreverse a enfrentar, de esa que  desvergonzada nos catapulta al infinito en sus reflejos, de esa que se atreve a escribir un poema de dos líneas que dice: …Él me dijo hagamos el amor / y lo monté y lo lloré y se deshizo.
Sí, mis angelitos verdes, Franco se atreve, atrae, acecha, avalancha, acosa, asume, aprieta, atusa, aroma, aloca y amalgama con: …pólvora y lengua / …sudor y semen. 
Hoy públicamente no presento, agradezco a Luis Franco y a sus Ángeles Sodomizados recordarme que hay que resignificar la ternura devolviéndosela al corazón de la víctima, porque como veremos mañana en el conversatorio “Desde la Otra Ternura” No existe presa más apetecible para el depredador que la más tierna.  Y ahora dejo mis alas oscuras de ángel maduro y vacío en la voz, fragmentada,  de otro serafín viejo que le cantó a  querubines que se amaban, como homenaje a Franco y al mundo  de lo celeste:
Narciso aparta los juncos…
… Jacinto,  insecto muerde azucenas

…Narciso, fósforo y raya de nieve
Jacinto, diminuto río en la alcoba,
Jardín con flecha enterrada,
Jardín sin hojas ni manos, jardín en blanco.
Blando chisme se apresura,
Rueda el insecto por mantas tibias
Y piel de azucena charolada.

…Narciso aparta los juncos.
Muchachillos que chillan
Entre los juncos, hundiéndose
En la yerba que mira,
En la arena del tacto.

José Lezama Lima