miércoles, 7 de agosto de 2013
Texto que fue leido el 26 de julio del 13 en la presentacion performatica De Elizabeth Neira en el Bukowsky
Cucabyecta en negro y blanco
¿Qué es el arte sino ilusión?, dice Eli Neira en su
blog y podríamos contestarle condescendientemente que, Sí, claro tienes razón
Eli, como dice el comercial de HP: La magia no está en crear de la nada si no
en hacer creer que lo hacemos. Y Hp lo logra porque es un ordenador facilitador
de signos. Pero, en el mismo blog, la Neira sigue con otras preguntas: ¿Qué son
los signos? ¿Qué son siglos y siglos de pintura, poesía, teatro novela, sino
pura y cara ilusión? Preguntas, digo, que prefiero sean, sino contestadas o
aclaradas, al menos vislumbradas en la ofrenda que esta Poeta nos tiene
preparada para esta noche. Y, sí, dije
ofrenda. Pues esta no será una lectura muy a la tradicional usanza: primero
porque no nos gusta y después ya que
tendremos con nosotros no a cualquier poeta de esos que saltan por docenas cuando
pateamos un adoquín en la plaza Foch. No.
Hoy estará con nosotros La Neira, así con mayúscula
como cuando se habla de La Félix, La Rubio, La Montiel, La Malinche, La Garbo,
La Sáenz, La Toty y todas esas mujeres
que se han ganado el artículo en letras de molde Times new roman, bold y pica
30. Ella es Elizabeth Neira, Chilena que
ha participado en encuentros de poesía y performance en Chile, Perú, Argentina,
México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia, Venezuela, Brasil, Canadá,
España y Suecia. Prontito podremos añadir Quito y Guayaquil en Ecuador. Ha
publicado en antologías de Chile, Argentina, Perú, México y España. Ha sido
conductora de talleres literarios en México Chile y Argentina. Actualmente
dirige la micro editorial “Abyecta Ediciones Rabiosamente Independientes”.
También realiza encuentros de poesía y performance como productora de arte
independiente a través de la productora fantasma poesiAccion, gestión de
cultura requetekontra independiente. O sea que La Neira es poeta, periodista y performancista.
Tan solo
para que les coja la curiosidad les leeré un poemita que he construido con las
justas palabras con las que la Neira justifica una performace ante la
impotencia de los signos:
Cucabyectos
Me
fotografío cagando
para que no
quede duda
real y
mediática a la vez,
más real
(aunque menos mediática)
que las
tetas de la Bolocco.
Más real que
el dólar y el peso.
Mírela
usted, huélala usted.
Mírela bien…
¿Qué se
siente cuando bautizo
con el
apelativo apócrifo
de “El enemigo
interno”
A
mi producto bruto?
¿Qué siente?
¿Asco?
Ilusión de
significado y de comunicación,
ilusión de
trascendencia
Chúpate
esta…
Así he
bautizado yo a mi caca
Porque la perfomance es
así:
Como
cagarse en público
O
vía
Así
que, para irnos preparando un poco y tomar fuerza, como telonero de nuestra
invitada, La Neira, les he traído un cuento mío, un texto cortito: Montañas
locas.
Montañas locas
Las montañas de la locura las ha
construido el hombre. Construyó en
piedra, en paja, en adobe, en mierda, con argamasa, con cemento, con madera y
cemento, con acero y cristal, con las dos leches y sangre. Con fuego y osamentas tejidas que
sostenían arquitrabes de ladrillo. Construir es la locura. Habitar, poseer, penetrar, eso quiere. Y si no que lo diga Juanita, la última de las
últimas putas de la bahía, esa
mujer que me explicó, retórica y
panfletera, el significado de la sexualidad humana.
Solamente pedía que le comprara
paquetes y me contaba cada vez una versión afectada por su sensibilidad de ese
día, tal vez el morocho la ponía tierna y el trago sensual, y para cada vez
tuvo ella su remake. Los hombres no
existen. No hay hombres. Claro que no, todos somos mujeres, eso lo
sabe todo el mundo, le contesté y ella rió a carcajadas. Por eso es que te amo, y me invitó al Plei
lan par, A la montaña rusa, que es una locura.
Pensé en mis montañas locas y me decidí.
Le compré cinco dólares de paquetes que
mientras viajábamos en la dos iba roleando con grifa chola como ella para
armarse sus maduritos. Siempre tenía un
tema de conversación obvio como sus lonjas impúdicas y el ombligo brotado que
estaba acostumbrada a mostrar. Yo desde
siempre supe que no había, no como esas compas que ya de viejas dicen, Ya no
hay hombres. Si nunca hubo. Los hombres
para las cojudas, y se pegaba su risotada, pero nadie en el bus se volteó, ni
el chofer nos chequeó por el retrovisor, ¿la conocerían?, ¿estaríamos allí?
Me meo, me meo, en lo más meneado del
viaje. Aguanta, grité y empezó a desacelerar la máquina. Cuando bajamos, me arrinconó tras un poste
oscuro y, mientras se prendía el primero, se bajó los calzones y me orinó sobre
los pies enchancletados. Era totalmente
lampiña. Ves que puedo mear como hombre,
y si me pongo la mano, así, igualito.
Era cierto, tomé esa mano y nos
fuimos a la montaña. Tenía dos caídas
libres y una sola espiral vertical. Dos
veces se recorrió todo el camino pero en la segunda vuelta no hubo espiral;
durante las dos Juanita, contra el huracán,
prendió su maduro y aulló como lobo agradecido, perdón, loba.
Sí soy una loba. Bajando de esta montaña esa declaración no
podría ser más que la verdad, no cabía cuestionarse, se lo asume rápido y hay
que seguir andando a algún susto nuevo.
Ya estoy loca, vámonos ya. La
seguí, como hice durante toda la noche, ¿Nos vamos a pie?, paseando. Bueno.
Llevábamos muy buen ritmo y ella fumaba igualmente rítmica; no sé de
donde sacaba tantos, así que la increpé, ¿Y por qué es que todas somos mujeres,
ah? Sí, ya te cuento.
Hoy no quiero música, ni baile. Nos vamos al Rincón a encerrar en los
privados. Cogimos largo por Esmeraldas y allí, en un privado del Rincón, en esa
tola de esquizofrenia, compartimos su trago y los paquetes mientras ella
hablaba. No ñañito, si ni sé cómo
empezarte esta vez, qué te digo. A los
catorce años a mi mamá la embarazó de mí su primito, el más lindo, de su misma
edad, que la amaba y sólo podía darle su amor, lo único que no se le acabó
jamás. Antes de que Ernesto, mi papá
¿verdad?, cumpla veinte, ya se habían
hecho dos más y esperábamos el último; en ese año nos mudamos a la casa
lindísima y elegantísima del señor que mi papá nos presentó como, Un señor muy
bueno, a quien yo quiero mucho porque él me quiere mucho a mí y por eso a ustedes los ama tanto como
yo. Y lo hizo, a mi padrino lo adoro, mi vida me la perdió otra de esas locas
disfrazadas de machos. Todas somos
mujeres. No me acuerdo si hablaba
mientras fumaba o se tomaba descansos de los que no tengo memoria, ¿será?
Lo anormal son los capataces, gerentes,
presidentes, los mandones, sabes,
¿entiendes? Ustedes, los chicos, tienen picha porque es necesario, pero tienen
todo lo demás y hasta sienten como nosotras, ¿quién diría? Los gays son los hombres de verdad, que son
mitad picha y mitad cerebro, porque locas son del culo, no de la cabeza, eso
decía el señor, mi padrino. Como de
niños ven que tienen pinga, creen que son machos y, sin alguien que les diga
que son mujeres con pipí, terminan creyéndose el cuento de niño macho no
llora. Eso que les hacen ser. Los hombres son un invento de los hombres
dañados. Toda mi familia es bisexual y yo soy puta porque me da la gana. Ya te dije.
Cuando llegamos casi se caía. Apagó su maduro y guardó la chicharra. Las montañas de la locura son la crueldad
necesaria, el tributo que las mentiras nos arrancan.
UNDER ES RESISTENCIA!
Intermezzo
Ayer
estuve en la Mariposa Nocturna,
presentación de los grabados de Arnoldo Sicles que con su exhibición y su propuesta
xilográfica nunca se imaginó que abriría en mí un diluvio de recuerdos, o debo
decir tal vez, marejada de estampas… Porque es así como funciona la memoria: un
evento cualquiera en nuestras vidas, llamémoslo matriz, se empodera y revive cada vez que la palabra
lo estampa en un relato, como en estas estampas del proceso y edición variable
de veinte ejemplares que nos presenta la Estampería Quiteña…
Memoria,
xilografía, piel…
Una
vez que llegamos en la vida a alcanzar el modelo total de nuestra propia
imagen, digamos el boceto final, la matriz, la flor de la juventud, nuestro
esplendor máximo, la piel se encarga de, cada treinta y seis horas, renovarnos
íntegros, y hacer una copia de nosotros mismos.
Sí, eso somos: xilografías vivientes que caminan y hablan en colección
de millares de ejemplares, que se van descartando sobre sí mismas y terminarán
por desdibujar el boceto original, para que con un empaste de tintas nuevo
volvamos a coquetearle a la vida. ¿Cómo
podemos llamarnos viejos, si somos nuevos cada día y medio? El tiempo es como esta Exposición que nos
enseña a valorar la distancia desde la matriz hasta la última impresión.
Improvisar
hasta que regrese Elizabeth.
Texto que fue leido el 24 de Julio del 13 en la Exposición “Mariposa Nocturna” de Arnoldo Sicles, a través de la Fundación Estampería Quiteña:
Xilografía, piel de la memoria.
Hace un chorro de años, allá por los
ochentas del siglo pasado, vine a vivir por primera vez a Quito y, en contra de
toda sana advertencia de mis buenos amigos, decidí románticamente y por
comodidad también -pues trabajé en el Ministerio de Educación cuando quedaba en
la Mejía y Guayaquil-, conseguirme un alojamiento en el Centro Histórico de
esta capital. San Marcos fue el refugio
donde me recogía franciscanamente los primeros días luego de servirme una crema
de churos de la plaza de la Victoria de a quince sucres. Y como cada vez ese
regreso a la seguridad se fue haciendo más y más tarde, una de esas recién
oscurecidas noches, pasando bajo el Arco de la Reina, bajando la Rocafuerte
hacia Santo Domingo, yo me encontré con una negra y verdadera mariposita
nocturna.
Aunque se me ofreció tan barata como la sopa de churos, resultó mejor hacernos
amigos y entrar a la Cascada a tomarnos unas bielas. Cuando la mariposa se iba a ocupar (no les
parece lindo ese eufemismo) yo regresaba a San Marcos; pero, hubo veces, sobre
todo cuando llovía, que se quedó conmigo
y me escuchó nostalgias, desamores, bien amores y hasta traiciones con la paciencia y el celo que solo podemos
tener aquellos que sabemos disfrutar de la vagancia y hacerla arte. ¿No le parece don Arnoldo?
No tenía cabida mi mariposa en lo que para ese entonces era el campo de
batalla de la tuentifor, aquisito no más.
Ella era de las desplazadas sin cuarto a parte, que debió rondar desfilando la cuadra de la Guayaquil a la
Venezuela, con aleteo corto de polilla morena vaga trota calles y, alguna vez
también, arrodillarse a laborar vestida de oscuridad y de fetichista delicia en
el pasaje de la Bolívar. Cosas como esta
me contaba cuando yo había agotado mis lamentos y mis sucres; entonces,
tratándome como si fuera un niño, me
daba un beso en la frente y me encaminaba hasta la Flores y hasta la próxima
enbielada.
Sicles con su exhibición y su propuesta xilográfica nunca se imaginó que
abriría en mí este diluvio de recuerdos, o debo decir tal vez, marejada de
estampas… Porque es así como funciona la memoria: un evento cualquiera en nuestras
vidas, llamémoslo matriz, se empodera y
revive cada vez que la palabra lo estampa en un relato, como en estas estampas
del proceso y edición variable de veinte ejemplares que nos presenta la
Estampería Quiteña…
Memoria, xilografía, piel…
Una vez que llegamos en la vida a alcanzar el modelo total de nuestra
propia imagen, digamos el boceto final, la matriz, la flor de la juventud,
nuestro esplendor máximo, la piel se encarga de, cada treinta y seis horas,
renovarnos íntegros, y hacer una copia de nosotros mismos. Sí, eso somos: xilografías vivientes que
caminan y hablan en colección de millares de ejemplares, que se van descartando
sobre sí mismas y terminarán por desdibujar el boceto original, para que con un
empaste de tintas nuevo volvamos a coquetearle a la vida. ¿Cómo podemos llamarnos viejos, si somos
nuevos cada día y medio? El tiempo es
como esta Exposición que nos enseña a valorar la distancia desde la matriz
hasta la última impresión.
La última vez que vi a mi mariposa nocturna de Cascada cervecera fue para
darle un obsequio. Yo viajaría a
Guayaquil al día siguiente para pasar navidad con mi familia. ¿Qué quieres para navidad?, le pregunté yo a
la negra Carmen, porque así se llamó mi mariposa. Y ella me pidió una muñeca. Me reí como el
idiota que fui en ese tiempo y me volví a San Marcos. Al despertar, cobijado
por la seguridad y ya sobrio, esa solicitud no me dejó pensar en ninguna otra
cosa durante todo el día. Al salir del trabajo me fui a Ricky y aunque me costó
cuatrocientos cincuenta sucres, o sea treinta sopas de churos, le compré una
Barbie, que le encantó e iluminó su sonrisa de mazamorra. Carmen, dije y me le acerqué para preguntarle
quedito, ¿Cuántos años tienes?
Y mi mariposa nocturna, la negra Carmen, toda piel, xilografía y memoria,
lo recuerdo muy bien…, me contestó que catorce.
miércoles, 24 de octubre de 2012
Desde la otra ternura, ¿qué ha de serfff?
Este texto fue leido en el marco de La Feria Internacional del Libro de Guayaquil, el 16 de octubre.
De tanta ternura queda un rastro de asco
Como en el holocausto de los lirios
Primero hemos de entender qué es la ternura para así
arrojarnos a descubrir la Otra Ternura. Y, en este caso habremos de recurrir al
mataburro, XXII edición: Ternura, fem.,
calidad de tierno… ya comenzamos
mal, el idioma machista ya le da genero, o sea una diferencia, Es “La” no puede
haber un sentimiento ternurico, si un
padre se fotografía con su hijo en brazos brillando sus ojos conteniendo
lagrimas de alegre orgullo no se puede hablar de lo ternuro, será siempre la
ternura en ese hombre… Qué hetero
normativo que es el lenguaje. Y, ni que hablar de las nuevas fotos familiares,
donde dos machos llevan de la mano a una niña al parque. Pero, prosigamos, en
la información toca ahora saber qué es lo tierno; a lo que siguen muchas
acepciones: Adjetivo y es de doble género, que se deforma fácilmente por la
presión y es fácil de romper o partir.// 2. Reciente, de poco tiempo.//3.
Afectuoso. Así que lo que se deforma
fácil o fácilmente se rompe o quiebra, es tierno. Lo reciente, lo nuevo, lo no
maduro, lo verde… La niñez, que no la infancia.
En lo afectuoso, cariñoso y amable reside lo tierno con su calidad de
ternura.
Lo más tierno en el ser humano es la piel. Pues, cuando
se ve más madura es cuando de tanto ser nueva, nuevamente, se la siente grumosa
y agrietada. Cada treintayseis horas
tenemos piel nueva pero ya no es la primera ni se la siente igual… Es en esa superposición de nuevos Yos que se
nos va la ternura. En la incapacidad de
regresar a el primer Mi donde se construye la madurez. Y como ya no los tengo ni los soy, los busco
en lo que si se siente debutante.
Lo útil que es el
amor a la revolución ordenadora es proporcional a lo que es la ternura a la
revuelta organizativa. Héctor Hernández
La
ternura es, quizá, la más fundamental de las operaciones del Yo emocional, o
dicho, de otro modo, de los lenguajes emocionales; es libre, no se restringe a
edad, raza, sexo, género, estado de salud, religión, clase social. Ni siquiera
es exclusivamente humano. No es discursiva, sino realizativa. No se habla, se
está haciendo. Gerundia la realidad.
La
Vivencia de la ternura anula el tiempo cronológico, hiperconecta con
dimensiones no verbales, cósmicas, Es un infinito presente. Desde allá no
existe la ordinariez del pasado o el futuro. Todo es. Deviene. Deviene ternura
y no amor. La vivencia de la ternura es psicomagica y desnuda, no exige
propiedad ni dominio. Está fuera del mercado. No se celebra ni tiene día donde
comprar es creer.
No
hay escenografía. No hay guión. No hay discurso amoroso. Para HH: Es lo menos
parecido al amor. Ese sí se restringe contextualmente. Es enunciativo. Egoísta.
Busca la conveniencia y el retorno. Está interesado en la propiedad privada del
deseo.
En lo subsiguiente hablaran las voces que llevamos la
etiqueta “Desde la Ternura, siempre” a ver qué les parece.
De Luis Franco,
Aquí murió algo que saboreó el odio en la
Voluptuosidad de los cuerpos
En este costado, la pus y el vomito
Escriben la condena
De la perra que tengo atada al pellejo y la rabia
El demonio femenino que habita en mi se
Desvanece
Cual es el acto reparador
De ese NO que mancha las manos
Cuarenta mil jovencitos poblándote el verano
De Don Cuca,
Cuando un niño toma el mal camino
suele aparecer de la nada un lobo
suele aparecer de la nada un lobo
Cuando un adulto comprueba
que su sendero ya no es bueno
debe ser porque el coyote
lo acompaña desde el ocaso
y las hienas han batido risa estercolera
en cada huella marcada de su recorrido
Me
asusta esta otra ternura
quien se la llevara
y hasta dónde
Pregunté a la madre de la realidad
y me contestó tan honesta y justa
A las fauces de Luppus
pues la presa más disputada
quien se la llevara
y hasta dónde
Pregunté a la madre de la realidad
y me contestó tan honesta y justa
A las fauces de Luppus
pues la presa más disputada
ha sido
siempre la más tierna
a la salù depredadores
a la salù depredadores
Los Angelitos Verdes joden aun.
Este texto fue leido en la presentacion de ANGELES SODOMIZADOS, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guayaquil, el 15 de octubre.
Angelitos verdes
¿Molesta el angelito?, preguntaba mi
abuela a mis padres cuando uno de mis hermanos, o yo mismo, hacíamos un
berrinche avergonzándolos en público.
No, contestaba mi padre y proseguía,
Aún está verde; molestará cuando esté maduro. “Un escupitajo primario de toda rebelión ante
el discurso del poder que tiene su núcleo en la juventud”, ha dicho sobre los
Sodomizados, Javier Lara Santos, y yo sentí la conexión inmediata y el auto
reconocimiento directo con el texto porque recuerdo que algún momento, no hace
tanto como pueden imaginarse, yo fui un Angelito Verde. De allí que me arrogue el derecho de escarbar
en este poemario y, en primera persona, presentarles todos los Ángeles de
Franco en un recorrido por sus propias
imágenes que se mezclan con mi infancia secular:
En milseiscientossetentaysiete, Sor Juana Inés de la Cruz, ya sabía que a
los angelitos los inventó el hombre para
servirse de ellos y esclavizarlos, ya acordaba en salto cuántico con Lara y
Villon que la juventud siempre será un abuso. Así, decía, Venid, volad,
Serafines alados… Siempre felices Celestiales Cortesanos bizarros, haced gala
lo rendido y primor lo enamorado… Sin que los viles, humanos bajos vapores se
atrevan a empañar candores tantos… Y es
que a todos nos tocó un tanto de pólvora, de noche y de niebla en la ruta por
dejar la condición angelical y empezar a pecar con conciencia… En palabras de
Víctor Vimos, Es la juventud hablando… Es la demostración de que tras esta
primera fiebre, este primer augurio, estará la poesía. Lo demás no importa.
De Franco, verdes o sodomizados, los Querubines comienzan su periplo en la … misma llaga / donde hurgábamos el pasado,
el agua / purulenta y el cántaro roto; / la mentira sobre los campos humeantes
en / la oscuridad de las biografías… Porque todo debe tener un inicio y pobre
de quien no sepa cuál es su origen, pobre aquel que ubique su génesis en la
noche de los tiempos o, peor aún, de aquel que no quiera recordad o reconocer
su propia estirpe. De esa posible negación nacerá siempre la iniquidad y la
vergüenza. La palabra de Franco, como
debe ser, se yergue orgullosa sobre sus principios y los presenta como una
jaula de piel y tiempo, cuyos barrotes han sido los años de miedo y opresión… Y: …Quinientos años de
cárcel y la misma / golondrina / comulgando con los albatros, dice,
otorgándonos alas, como a las ganas, a las ilusiones y a los deseos que
llegarán allí donde: …murió algo que saboreó el odio en la / voluptuosidad de
los cuerpos. Y como grifos nuevos del siglo XXI …dejemos morir / lo griego, / lo cristiano / y el
occidente.
Ya volamos solos, y recién vamos por la página veintiocho. ¿El águila ha
desanidado a sus polluelos? ¿El timonel
enrumba su goleta sin patrón o vigía? No, estamos solos porque y entre
paréntesis …(La madre ha muerto) / y …
La cicatriz de esta soledad reposa
/ en el vientre monosílabo de
dios…, entre comillas. La voz lírica,
ahora, ya tiene potestad y dominio sobre su anécdota y supera lo humano y lo
divino pues muta y nos transforma, nuevamente entre paréntesis, en (Los hijos
detrás de la sangre) / cetáceos,
anfibios, cuadrúpedos. / levantemos la piel, sacudamos el disfraz…, dice Franco,
y yo, ingenuo, pienso en el armario de mi abuela donde me crecieron mis
primeros alerones lepidópteros, como de zángano bujarrón, cuando aprendí a
besar en la oscuridad. Espero que todos
recuerden su propio descubrimiento: …Yo tenía, continúa el poeta, un ángel
polifónico / al que besé y amé debajo de los /
manzanos. Vieron, no me
equivoqué, como no me equivocaré cuando,
recordando les recuerde que alguien nos sacó de ese closet y nos castigó por
haber sido dichosos, ¿miento? Y dice: … ¿Cuál es el acto reparador / de ese NO
que mancha las manos? / ¿la cruz? / ¿la cicuta? / o / ¿la poesía?
A esta altura del vuelo, la presa siempre estará dispuesta a no saber, a
ignorar, a hacerse la desentendida, a creerse humana y pensar que está leyendo
un poema de Franco que no le hará daño; y jugará a ser rescatada por la
metáfora, a resucitar en el símil o el retruécano, a dudar que acaba de
leer bajo la –F- la línea fatal que en picada le recita el
predador halcón con las garras encrespadas:
…¿Para qué sirve la virilidad del pájaro
/ en las visiones noctívagas del
espanto? Poeta y lector, presa y
predador se suspenden en una mancha de amor púrpura y la –F-
los sella: … La noche extenderá sus brazos / encima del mar que aún me espera / totalmente
acabado.
A ver angelotes, amores míos, pongamos los pies sobre la tierra un ratito,
¿Qué es todo esto?, ¿un susto, una metamorfosis o un ruego? No teman es tan
solo otro poemario; es un libro, nada más, manchas de tinta sobre papel blanco,
¿qué mal puede hacerles? ¿Por qué habrán de creerle?, cuando lean que: …Existe un dios que apenas / cabe en la mano
de un gorila. /…El puñal es una vocal
abierta. Y, aún no llegamos ni a la mitad;
pero les aseguro, en mi calidad de honesto cortesano celeste, que este texto no
es satánico ni diabólico, todo lo contrario, es un poemario donde la pureza no
ha aprendido a temer ni ha recibido instrucción o educación básica, donde la
pureza, repito, es como el Mercurio, metal líquido donde se reflejan las
miradas de todos nosotros, atentos
angelitos verdes que no necesitaremos de su lectura para llegar a ver un día: …
el holocausto del lirio. / …La selva
labrando el canto. / …al sol escribiendo
una mentira. / No, no tendremos que leer
a Franco para entender que un día nos
quedaremos: …solos con nuestras muñecas de cartón. Yo, simplemente, recomiendo que podemos estar prevenidos y anticiparnos
sin dolor a la verdad que, implacable y sin poesía, nos aplastará, también un día.
¡Qué atrevimiento!, me dijo mi abuela Blanca, cuando una mañana cualquiera
entré a su habitación y la contemplé sin su peluca rubia. No me asustó su
cráneo calvo y amoratado por la quimioterapia, pero sí me dolieron sus palabras. ¿Por qué no tendría el derecho a atreverme a
verla así y sin miedo? Claro que no se lo pregunté en ese momento. Esa es la pregunta que me salva siempre
cuando leo poesía, de la buena, de esa que hay que atreverse a enfrentar, de
esa que desvergonzada nos catapulta al
infinito en sus reflejos, de esa que se atreve a escribir un poema de dos
líneas que dice: …Él me dijo hagamos el amor / y lo monté y lo lloré y se
deshizo.
Sí, mis angelitos verdes, Franco se atreve, atrae, acecha, avalancha,
acosa, asume, aprieta, atusa, aroma, aloca y amalgama con: …pólvora y lengua /
…sudor y semen.
Hoy públicamente no presento, agradezco a Luis Franco y a sus Ángeles
Sodomizados recordarme que hay que resignificar la ternura devolviéndosela al
corazón de la víctima, porque como veremos mañana en el conversatorio “Desde la
Otra Ternura” No existe presa más apetecible para el depredador que la más
tierna. Y ahora dejo mis alas oscuras de
ángel maduro y vacío en la voz, fragmentada,
de otro serafín viejo que le cantó a
querubines que se amaban, como homenaje a Franco y al mundo de lo celeste:
Narciso aparta los juncos…
… Jacinto, insecto muerde azucenas
…Narciso, fósforo y raya de nieve
Jacinto, diminuto río en la alcoba,
Jardín con flecha enterrada,
Jardín sin hojas ni manos, jardín en blanco.
Blando chisme se apresura,
Rueda el insecto por mantas tibias
Y piel de azucena charolada.
…Narciso aparta los juncos.
Muchachillos que chillan
Entre los juncos, hundiéndose
En la yerba que mira,
En la arena del tacto.
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