sábado, 2 de junio de 2012

Don Cuca en Cueros

El buen olfato para los libros lo tiene El Sabueso de Carlos y Ana.

He llegado tarde a todas mis citas hoy. Hubo un par a las que ni siquiera atendí, no las cancelé ni las pospuse, tampoco las había olvidado, las dejé, simplemente, de lado. ¡Qué empresa tan aguerrida y arriesgada!, exclame para mí mismo, pensando en lo que creo que es atreverse a montar una librería. ¿Se hace negocio con La Palabra?, no tenía una respuesta, así como no tuve justificación para mis citas: No me dio el tiempo, pero eso no tiene importancia, no es relevante. Lo que importa es que no llegué nunca y no vale inventar una excusa. Aunque luego me dije, el coraje de El Sabueso, es una muy buena. Y de allí devino un soliloquio angustioso entre la etimología de la palabra Palabra, que hasta hora, mejor tarde que nunca y sin excusas, tratare de reproducir para ustedes.

La palabra y el falo vs la moneda, ¿Qué serafín de llamas busco y soy?

Yo trabajo con la palabra, escrita y hablada, sobre todo la hablada, que hoy, aunque paga mis cuentas, ya no tiene valor. Y, qué curioso, hablar, reflexionaba, proviene de falar o falare y por ende de su raíz más primigenia: el falo. Me asusté, ¡Uyy, mijito!, hubiese dicho mi abuelita, porque en ese momento entendí la relación… Resultaría fácil si pudiese decirles la verdad, No me dio la gana de llegar. No tengo cabeza para trabajar ahora, necesito un aliciente creativo, compartir mis angustias con amigos, pero, eso ¿ayuda? Si pudiera pedir a los Dioses que me arreglasen la agenda, si hubiera quien olfateara la magia que borrase los olvidos y las postergaciones..., alguien que pusiera valor y precio a la falta, una palabra que pague en moneda lícita… falo y palabra nunca han sido buena mercancía.
No, no necesito esoterismo mágico, suficiente con ser amigo de los Sabuesos aquí presentes ¿me perdonarán? Claro, siempre y cuando descubra la fórmula para librarme de la impuntualidad y las irresponsabilidades... La vagancia, mijito, no significa lo mismo que el ocio, decía mi abuela. Cómo me gustaría decir que fui encantado por la carga simbólica del Nombre: Librería El Sabueso, pero eso de las casualidades es tan solo otra mentira de los mentirosos, diría ella. Así es que, deje de tocarse la pirula que eso tampoco es ocio…, me aclara ella en memorias imposibles de borrar.
Es así como se obligan, se empujan las voces. Ven, lo que yo he tenido es pereza de hablar. Sí, una vagancia de Falar. He allí la diferencia: a la vagancia la causa el falo y al ocio el Falare. La palabra que, si mal no recuerdo, es el ser de todas las cosas, pues, recordemos el génesis: En el principio fue el Verbo. Y es que si yo “falo me defiendo solo”.
Casi todos los mamíferos, dice Francisco Umbral, menos el hombre, disfrutan o viven oralmente de su falo, quizá de allí vengan todas las homosexualidades: disfrutar del sexo de otro para ser vicario del propio. Es entonces cuando el falare y el falo se conjugan ya sin ocio, digo yo, pues los adultos que creamos con la palabra, blandimos un falo/daga que imagina por sí mismo. Nuestro falo/falar tiene imaginaciones que la imaginación estándar ignora. De ahora en adelante, les ruego, para no afectar susceptibilidades, aceptar el concepto falo como dijo García Lorca,” El serafín de llamas que busco y soy”, como la Palabra, el Hablar que me recrea y me mantiene vivo porque no la encuentro.
Entonces, colgado en el paisaje que no se ve tras una ventana de transporte urbano, yendo hacia la nada, pues hacia cuatro cuadras que el cuerpo decidió no bajarse, me asaltó otra pregunta y que tal si el falo de falar cobra, no vida, no sustancia, cobra de cobrar, lo elevamos, digo, al sitial de la mercancía. Convertir la Palabra en moneda… Pobre, pobrecito, delira, dirán… Quizá, pero detengámonos un instante y reflexionemos:

En qué Hospital debe restaurarse
la vigencia de la palabra hablada
o sea la parole falante
o el falo gargantuélico
y darle un valor a tan depreciados
caprichos de la especie
falo y palabra crean la nueva moneda

Retomo el falo mercancía del que habla Umbral en su Fabula del Falo, veamos: El falo como mercancía, en una visión economicista del tema, es un objeto sin valor, y en estas nociones defectivas educa la vida al hombre…, dice Umbral, como la palabra de los medios de hoy y por ende de su credibilidad ante el público. Digo yo, y sigue: El desnudo del hombre resulta ridículo y su falo no es más que un proyecto de inversión. Como cuando empezamos a escribir y aun el cuento no recibe premio, falo y palabra, dudosa inversión. Y ambos se tornan en parte de la culpa, referentes de vagancia, que pena por mi abuela, pero ni siquiera representan al ocio y las vemos como cosas despreciables. Y, ¿Cómo ha llegado el falo, un atributo tan sacralizado como los gatos, las águilas y los leones a esta baja cotización? Me pregunto y Umbral contesta, cuando se tiene una cosa que los demás no tienen, esa cosa, por carísima que nos sea, se vuelve monstruosa y nos torna monstruos a nosotros mismos, sus poseedores… El falo/palabra debe pagar por cumplir sus funciones naturales. Y, unas funciones naturales que han de pagar por cumplirse, dejan de ser naturales, se tornan antinaturales, como lo torna todo el dinero y el juego de oferta y demanda. Hay mas oferta que demanda de falos. Aquí tenemos la prueba contundente: tanta palabra ofertada con su precio impreso, cuando en la calle está tan devaluada, casi sin valía: Observemos todo tipo de literatura, dioencia Narrativa I y II, juveniles, infantiles, arte, diseño, fotografia, arquitectura, mente y salud, y el maravilloso Punto ¨C¨ de Comic. Castillos, mundos, universos de palabras
El falo/falare/palabra, es solamente obsceno en los contextos obscenos, luego, la obscenidad está en los demás. ¿Es el falo pornográfico? Claro que existe la palabra pornografía, Aunque creo que ese apartado no lo tenemos en el Sabueso o ¿nos llegaron los ecos? Existe en la medida cínica que da lo que deja de ser deseado para ser contemplado, como la palabra… La pornografía, dice Umbral, la da el cinismo, y el cinismo lo da el distanciamiento. Pornografía y obscenidad, digo yo, son cosa de gente saciada. Los hambrientos de sexo, encontramos el falo sagrado, la vagina sagrada, la palabra sagrada, los cuerpos sagrados y gloriosos. Además, la obscenidad es la Epifanía de lo natural, que el intelectual detesta porque está y es en la Historia. Por lo tanto, el Falo/Palabra es inocente. Así, tan fácilmente, el falo/palabra como queda dicho, en nuestra educación, tan refinada y tan brutal, pasa sin transición de no valer nada a valerlo todo, a pagarlo todo, se convierte en la nueva moneda con un tipo de cambio sustentable.
Salvador Paniker, dice, Quiero no ser distinto de mi cuerpo. Quiero no tenerle miedo a mis enfermedades. Al corazón, solitario músculo mecánico, se le atribuyen todas las emociones y erecciones que son puramente fálicas. Te lo digo de corazón, decimos cuando queremos decir...No sé, ¿qué creen ustedes? Tengo el corazón en la boca, cuando se nos atora el falar, la palabra. Ese lenguaje corazonal es realmente falo/vaginal. ¿Por qué la humanidad, bajo cualquier cultura o religión, no soporta el falo?

Ahora a la palabra convertiremos en medio
de intercambio fiduciario
el tipo de cambio vamos a invertirlo
ahora una palabra valdrá mil imágenes
Peseta y euro se desmayaron
Dracma y euro sufren
yuang y lev pintan un escudo penecrático
falar y falare son hoy monedas históricas como el falo

Al verbo que es Dios, al hablar, falar, falare y al liberto falo les he sentido un saborcillo a Dog chow, o vaya usted a saber que nutre a este Sabueso, que como el falo/palabra, la nueva moneda, en su grandeza permanecerán porque son prehistóricos.

miércoles, 11 de abril de 2012

Fin a Lit en El Maple

Fin a Lit en El Maple
Taller de creación literaria y edición
2012
UN UNIVERSO PROPIO
Convocatoria
Del 14 de Abril al 24 de Noviembre


Revisando los elementos de forma y fondo y en el marco de la confrontación de textos originales, los participantes de Fin a lit descubrirán “Un universo propio” y las herramientas esenciales para la edición individual y colectiva en espacio fisico y virtual:
Mes uno
*Lectores que escriben vs. Escritores que leen
El peso de los referentes en la creación
Mes dos
*Libertad de trazo sobre la cárcel de la palabra
Repasar la construcción del ambiente desde la individualidad
Mes tres
*El efecto de la realidad real
De cuando lo real le hace daño a la ficción
Mes cuatro
*? Todos hablan de lo que aman?
El taller es de escritura y no una terapia
Mes cinco
*El regalo precioso que nos dan los signos
El símbolo convencional y la reinvención del símbolo
Mes seis
*El estilo: mito e imagen
En busca del universo propio
Messiete
*La tachadura y el barroco
De cuando la voz susurra
Mes ocho
*El texto es mi rival
Triángulo entre el autor, el texto y el lenguaje.
Fin a lit se reunirá cuatro sábados por mes en El Maple, restaurant (Pinto y Diego de Almagro) de 10 am a 12:30 pm. El costo mensual es de $ 60 USD.
Para mayor información contactar con el coordinador del taller:
Juan Carlos Cucalón al 098727038, 2 23 50 89, jccucalon@gmail.com
No existe verdad que descubra algo, solo la necesidad de ver al otro para entender que no seguimos soñando en nosotros mismos.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Y tu abuelo tambien

Después del tiempo nos quedará el instinto.
Extracto de una conversación telefónica con mi hijo sobre la poesía de su abuelo, por Sara del Campo

HORAS

Tengo el presentimiento
De no volverte a ver; tengo la duda
De la existencia de mi amor, y siento
Que me llena de magnifico aislamiento
Que aconsejara Bhuda

Ah! Pero en mi tortura
Tu rostro tiene suavidad amiga
De la luz brillando en una selva oscura,
Pues eres en mi noche de amargura
Único lazo que al vivir me liga

En mi negro Calvario
No tuve como Cristo la serena
Piedad de un corazón, ni la melena
De una dulce y discreta Magdalena
Ungió mis pies heridos. Solidario

No mendigué limosnas de cariño;
Derroché juventud, amor, riquezas
I para el culto azul de la Belleza
Pese a los años, me conservo niño!

Hice latir extraños corazones
Al cantar de mis canciones,
Que desdeñan afeites i artificios,
I al ir entre las zarzas del sendero,
Preferí a ser dilecto, ser sincero,
E hice el elogio de mis propios Vicios!

Tuve una Fe? Quién sabe! Tan lejano
Está todo lo viejo de mi vida.
Y sin embargo espero. Alguna mano
Se tenderá con ademán cristiano
A restañar la sangre de mi herida.

Ysidro del CAMPO y DROUET

El poema Horas de la autoría de Ysidro del Campo y Drouet, se publicó en el Volumen I de la revista de literatura “Renacimiento”, aparecida entre 1916 y 1917 en Guayaquil bajo la dirección de Falconi Villagomez, José María Egas y Wenceslao Pareja y teniendo como Jefe de Redacción a Medardo Ángel Silva. Producto de la histórica Librería e Imprenta “Gutemberg”.
Casi un siglo ha transcurrido ya desde que del Campo hubo presentido la duda del amor verdadero y desde que se cuestionó sobre los pasadizos y atajos que habría que sortear el ser humano para aprender a vivir. Para ese momento, el autor, no contaba aun con dieciocho años pero conocía la tortura auto infringida de los Vicios (como el mismo los nombra, con mayúscula), el culto azul (color tradicional del láudano con ajenjo) a la Belleza; y, tal como los adolescentes Emos de hoy no necesitaba mendigar afecto pues se conservaría niño.
Cuando el final de los tiempos llegue tan solo el tiempo se habrá ido y quedaremos los instintos y la huella de que vivimos; por eso la historia de la humanidad es una constante noria que se repite y repite para asentarse profunda, para no dejar duda de que existimos porque un día amamos, de que fuimos porque una vez nos sentimos solos, que estuvimos porque lo catamos todo, que sufrimos porque buscamos una Fe, cualquiera. Amar, ser, estar, sufrir ingredientes ineludibles de la existencia lo son también para el arte en la poesía adolescente de del Campo, en la cual se descubre como subtexto diferentes aristas del Placer Bizarro: el aislamiento, el resplandor en la selva oscura, el negro Calvario y su discreta melena, el culto azul (ya mencionado), las zarzas del sendero; y la espera por la sangre en la herida (muy Jodorowsky).
No quiero hacerlos rondar en torno a lo absoluto cuando el análisis se pertenece al escepticismo, mejor digamos como Flaubert, que seremos místicos mientras no creamos en nada. Entonces diremos que del Campo utiliza la técnica de la contradicción en su poema Horas y nos señala doctamente que existe un solo placer que es nuestro, tan humano: el del conflicto como tal. En palabras de Cioran: …somos espíritus convulsivos, fanáticos de lo improbable, descoyuntados entre el dogma y la aporía, estamos tan dispuestos a saltar hacia Dios por rabia como seguros de no vegetar en El.
Tuve una Fe? Se preguntó del Campo cuando se sentía tan lejos de lo viejo permaneciendo niño. La fe no tiene tiempo y el tiempo es tan solo la repetición de nuestra nada… 1916 a 2011; no hay contradicción entre estas ideas, ¿verdad? Pues, el devenir se refiere al ser que proyecta y se proyecta, a la existencia desintegrada por la esperanza.

jueves, 24 de febrero de 2011

Otra vez rechazado

MAL VICIO, LA CURIOSIDAD.

Amanecer…, con alguien, ¿amado?, qué bien. Con más de uno, mejor. Y, a fin de cuentas, ¿quién nos despierta?
Desde hace un poco más de cincuenta años San Marcos amanece con dos. Son más que amigas, primas. Lo comparten, lo circundan, lo festejan, lo aman…, y han hecho que sus familias también se dediquen a él. Doña Rosario “Charito” Báez lo levanta desde adentro y su colega Aida Ruiz lo acompaña a la misa en Santa Catalina.
La Curiosidad es mal vicio, me dice Charito cuando empiezo a preguntarle por su labor y su vínculo con el barrio. Es que soy periodista, quiero hacer una crónica sobre usted y ya sabemos que San Marcos siempre ha sabido disimular su vicio, ¿verdad? Escuchar, leer, saber…, saber callar. A esta edad es lo que nos mantiene vivas. Imagínese, qué más voy a esperar ahora, todo lo que tenía la vida para mí ya lo tuve… Hijos y nietos hacen sus vidas, nos ayudan, algunitos también están en el negocio, me han dicho ambas, Charito y Doña Aida.
Hoy era de amanecer con Charito. A las seis y Treinta ya estábamos esperándole en la Plaza, pisando adoquines y arrimados a piedras que llevan allí desde 1597, antes que, por estar “Sur les terres del Equateur” nos convirtieran en la república que, entonces, ni siquiera, pensaba en tener una prensa, menos una imprenta y ni de sueño un medio de comunicación. Guttemberg ya viva en la escena mundial, pero en el nuevo mundo, al igual que el viejo y en el ignoto, aún todo era tinta china y pluma de ánade austriaco. En esto pensaba yo cuando me dije, Mejor camino por el barrio para encontrarla en su recorrido, deslizando la noticia por los umbrales que la mañana aun no calienta, enseñando la primera plana, porque, a su edad, ella ya no vocea.
Yo me voy por toda la Junín y completo hasta la Silva y la Texeira, luego me siento en algún zaguán, me había dicho ayer, Como aquí me conocen todos, me buscan y les vendo. Pero eran ya las siete y cuarenta y cinco, la Charito no aparecía. Tocará buscarla. En la picantería Laurita, me dijeron que a la “mamitica” no la habían visto hoy, que estaba ya cuchita y que con sus veinte periodiquitos se demoraba como tres horas en recorrer el barrio, que tenga paciencia, ella nunca falta un día… A sabiendas que subiría desde la Marín me ubiqué entre la Almeida y la escalinata con un ángulo que la descubriera de seguro.
A las ocho y cuarto se instaló en la Plaza una banda estudiantil y entre bombos y platillos llegaron las nuevas estrellas del maratón infantil, pero de la Charito, ni el polvo. Preocupado, rehíce su recorrido y pregunté por ella en toda tienda abierta, en La Casa de la Danza, en La Parroquial, en la del Pintor Zapata, en la del doctor Abram, en el Museo de la Acuarela Oswaldo Muñoz Mariño, en la de los Ortiz y los Belalcazar. Todos la esperaban igual que yo… ¿Qué será? Frente al Museo de la Arquitectura (qué de intelectualidad rebosa San Marcos, cuánta historia reunida), un caballero con pinta de burócrata atrasado a su ministerio, me dijo que a lo mejor estaba con Doña Aida, en la esquina de la Espejo y flores. Claro al margen del barrio para no competir ni estorbarse, a por ellas…
Hace años, yo cargaba un tongo de comercios tan pesados como uno de estos adoquines, me había dicho Charito, había casas en las que me llevaban de cuatro en cuatro, pero esas familias ya se fueron del centro, solo quedan las señoritas Moscoso, los Guerra, la doctorita Ruiz, los Villacís, don Puente y las monjitas, esas no se han de ir nunca… Ahora yo saco para el almuerzo no más, si de cada diario me gano doce centavos, con veinte ya tengo… El cuarto en el que vivo me lo paga un hijo mío, allá por el colegio Espejo. Y, mi otra hijita termina de vender lo que yo no hago en su tienda. Trato de descifrar con impertinencia su edad y me dice sonreída, Yo empecé a vivir desde que entrego el diario, o sea que tengo un poquito más de cincuenta. Sabia frente a la insolencia.
Ya la vi. Está armando el puesto, me voy acercando pero, dudo. Ese no es su chal, ella usa sombrero de fieltro azul, no lleva gorra. Ah, Claro es que ha sido doña Aida. Intento sorprenderla pero se percata de mi sombra a su lado, larga como la espadaña de Santa Catalina. Voltea me mira y creo que no me reconoce. Cómo le va, Bien, me contesta, aun dudosa. No ha aparecido la Charito, le comento. ¡Ahh! El de la revista ha sido, Sí mi doñita. Ayer se fue temprano y hoy no le visto alzar, es que ya no somos niñas, ahora todo ya nos pesa…, y se encorva para sobarse unas rodillas paquidérmicas. A lo mejor está enferma, ojalá que no.
Al igual que su colega lleva en esto de repartir diarios más de cincuenta años. Son las que madrugan a San Marcos, con la voz de La Hora, El Comercio, El Hoy, Súper, y las revistas de moda. Hoy entre todos no vende más de ochenta al día. Hace años que dejaron de traer a Memín y a Kalimán, y nunca, me jura con sonrisa pícara, Nunca esas de lluchas. Le creo, pues cuando le aviso que desde la acera de enfrente hace un buen rato que nos fotografían, se sonroja y me invita al recorrido de esta mañana, Cortito no más, me llego hasta el colegio del Claustro de Santa Catalina, a la peluquería, al hotel de las buenas mozas, que ahora las han sacado de la Junín, pero empiezan antes que yo y de allí me regreso. A quien madruga…, A todos nos ayuda Dios, termina mi adagio, y continúa. Trabajando en la calle se ve de todo, se conoce a todo el mundo, se aprende a reconocer y a olvidar. Una se vuelve como el diario mismo, porque por aquí han pasado comprando políticos y famosos, y de mí nunca se acuerdan, lo que quieren es verse en la foto.
Merece sus quince minutos de fama, cuando salga esta edición no la olvidaré. Aunque tenga que amanecer en San Marcos y con una de sus despertadoras, ella verá su foto. Lo prometido es deuda.

¿MI ANGUSTIA? LA TUYA

Así titula esta muestra su autor, Rafael Ruales, arquitecto, graffitero, pintor y ex loco; recuperado de neurosis, psicosis y paranoias esquizoides, que pueden dañar a muchos, pero que a los artistas nos diploman en experiencia intrínseca, en emociones sublimes, en realidades paralelas y alternas, y que nos hacen ser “el otro” desde el “uno mismo”…, desde ese amor propio que la gente confunde con amarse en silencio y hacer crecer vello en la palma de la mano, cuando lo cierto es, cito a Michel Onfray, dilecto amigo de Rafael “que es lo que queda de animal en el hombre a pesar de los siglos de domesticación ética. (...) Imposible de erradicar, la memoria y la huella de las selvas, los bosques y los peligros de los que procede nuestra especie.”
¿Su angustia? Me pregunto, o más bien me lo aseguro, porque sé que así no es la mía, la suya… La tuya, Rafael está en este mural, universo hecho de cuadrados en rosanegroamarillos de los que siluetas del afecto trastocado y abusador emergen con un trazo descuidado para sorprender, atacar y picotearme un ojo. El ojo que dejo abierto para acechar algún intruso solapado que pretenda tocarme cuando me toco… y vuelve el ansia a mí con el eco de Onfray-Ruales… “El funcionamiento de la angustia es simple: todo aquello que se le resiste debe morir, volatilizado, aniquilado o, más sutilmente, integrado, digerido, asimilado. (...) Como las sobras de una comida fosilizada, mineralizada, esos ecos de la prehistoria permanecerán siempre en nuestro sistema nervioso." O sea, La escultura de sí por una moral estética.
Pues para llegar al Ruales que aquí se muestra en un mural de 12 cuerpos, amores cínicos, y 14 cuadrados individuales más, universitos universalis, no nos basta con el mataburro, hay que descubrir nuevas angustias. ¿Nuevas íntimas aflicciones? Me pregunto…, congojas atrapadas en el santísimo culo de María Aurelia; imágenes capturadas en lo estrecho que son los recuerdos cuando ya no tienen ni lugar ni tiempo. Porque del latín, la angustia arrastra dificultad y aprietos y nosotros la estiramos hasta el ansia y la opresión. La angustia no necesita causa precisa, no es como la náusea pero también se nos anuncia con sofocos y sensación de opresión al sur del abdomen. Todo esto pensé mientras esperaba la llegada de Rafael, la semana pasada para, viendo la obra en compañía del autor, tener los elementos como para escribir esta crónica sobre su arte, sobre su recorrido y lucha, sobre su ejercicio peripatético y madrugador en su vivienda taller que hoy nos muestra grato.
Pero, Ruales llegó con toda su angustia a cuestas de su carpintero y en camioneta blanca. Anecdótico pero nunca casual. Coincidencias en Pascuales, decía mi abuelita. No es casualidad; pues, Rafael ya no es angustia, ahora él es su obra y su obra ya no es suya. Ahora la obra habla sola y es nuestra. La contemplamos aquí, amplia, abierta, reconstruida sobre el “uno mismo” que ya citamos y el “sí mismo” que la hace única, es evocación postmedicada, es epifanía musical, madrugada bethoveniana, es la comedia de un dolor que es el dolor que fue y que ya no dolerá; porque el signo que provoca e intriga está en el siempre de la imagen, en el hoy de lo que se nos muestra… En lo esquizoide del tiempo, en el grito neurótico del lugar vivido, en la psicosis ansiosa del ¿quién quiero ser? O del ¿ya fui o es que me fueron?
De hecho me siento un poco contagiado del mal de Ruales, constante del quehacer artístico, trasgresor y provocador desde lo íntimo, y recuerdo a otros que han transitado esta avenida extraña y potente: Immendorf, Polke y Munch, cada uno en su lugar y a su tiempo, son referentes de la criptoamnesia que es la creación tras la crisis depresiva o nerviosa reforzada por la intensidad neurótica. Así, descubro similitudes y peculiaridades: Las Marías de Ruales llevan de la Madonna de Munch, la sensualidad atrevida y el velo misterioso de la muerte sexy. Del homenaje directo, en el grito de Rafael, la tensión máxima que se cuelga en la utilización de colores intensos, brillantes y chillones. La sensación de zozobra del postimpresionista y simbolista que usa formas simplificadas y colorido no naturalista para comunicar las emociones y resignificarlas con violencia en la conjunción de las líneas y la distorsión del ritmo espacial.
"Como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos muchos."Me dijo, Rafael recordando sus lecturas sobre DeLeuze y yo transcribo ahora para presentar sin miedo los referentes y los orígenes y, sigo citando, “No llegar al punto de ya no decir yo, sino a ese punto en el que ya no tiene importancia decirlo o no decirlo.(...)El sistema-raicilla o raíz fasciculada, es la figura que nuestra modernidad invoca con gusto.(..)En los rizomas existen estructuras de árbol o de raíces, y a la inversa, la rama de un árbol o la división de una raíz pueden ponerse a brotar en forma de rizoma."
Todos nos encontramos interconectados en la creación, no podemos decirnos únicos o auténticamente originales, pues emergemos del mismo terror y pagamos con la irreverencia contra el otro que es la verdad de uno mismo; en Ruales como en Sigmar Polke signado como un elemento anárquico, el punto de quiebre en la estructura del paisaje, para Rafael es el cuadrado generador del circulo y la espiral de vida, para Polke el sello pop que aparece como parodia, para ambos en sus técnicas particulares, a las pretensiones artísticas de los nuevos creadores, sobretodo de los postmodernos y conceptuales. Habrá que reírse entonces del nuevo conceptualismo y recordar que ahora ya la anécdota no tiene que contar una historia si no provocar e intrigar al espectador para que surja el cuestionamiento.
“Una vida filosófica. Una perspectiva de sabiduría (...) Utilitarismo pragmático (...) Un sistema hedonista”. Me aclara Rafael nuevamente sobre sus lecturas, citando a Chamfort y Onfray; claro, ¿por qué no? Y yo me acuerdo de Immendorf y su perturbación social a través de mostrar un estilo grosero poco elaborado, podríamos decir casi descuidado, lleno de símbolos crudos…, Eso encuentro en Ruales, también. Porque, vuelvo a citar, “funciona como imperativo categórico hedonista: goza y haz gozar sin hacer daño a nadie ni a ti mismo, esa es la moral. Está todo dicho: goce de sí mismo por supuesto, pero también goce del prójimo…” Esa es la fiesta, ésta fiesta: iconografía propia sobre su noción de lo que debe ser un cuadro; signos iconográficos, mensajes cifrados y animales recurrentes.
En Rafael el perro y el gallo, Materializan lo que motiva su forma de pensar, de gritar su pensamiento, de llorar callado su verdad de niño abusado por el entorno y por su reflejo, desafiando los obstáculos, equipado justamente por el espíritu desafiante que es una terca obstinación. Sobre y con rostros de familia, amor apóstata, el auge o derrumbe, triunfando o cayendo, se atreve a decirlo todo, lo que los conformistas sociales no osarían jamás siquiera pensar. Ahí se fundamenta su expresividad plástica y sobre todo ilustrativa.
Autorretratos y familia con perros y gallos se asocian con el único yo y la persona que los mira. Conscientemente, otorga a su obra ese carácter decidido y directamente irritante de imitar, emparejándolo con la anarquía de los sistemas establecidos. No se cansa de criticar y puyar, la autodefinición del artista ocupa el centro de sus reflexiones: El sagrado corazón de Jesús, sobre una María madre, el antiedipo versus mil mesetas, topologías filiales y fraternas, trasfiguraciones y masacre de la intimidad. Etología de sí. Una Angustia… sigo en la pregunta inicial y espero que ustedes, público y relectores, me contesten cuestionándose…
“Lo angustioso es un festín orgiástico donde los miedos agazapados gatean a ojos cerrados dentro del túnel de la memoria…”
Salud, amigos por Ruales y por su obra.
Buenas noches.


viernes, 1 de octubre de 2010

Rithayworth

Por una ramita de romero que encendí para buscarlo, me dijeron, idiota, asi no se encuentra ningún amor.
Desde entonces remo sobre el lago por las noches, siempre a la misma hora. Y, sin ambición onerosa, espero que aparezca mi Victor Hugo con un tecito de amapolas para perdernos en el tiempo invesomil de Wells.

miércoles, 17 de marzo de 2010

De cuando los miedos y recuerdos ya no nos pertenecen

El olor del rayo

El destello del relámpago atravesó la ventana y salpicó de púrpuras y violetas la alfombra de profundo azul persa sobre la que jugaban mis hijas; y, el estrépito del trueno agitó todos los cristales de la casa en los que se refugió el rayo…

Las niñas corrieron a abrazarse de su padre. Las contemplé con la seguridad de que fingían estar más asustadas de lo que expresaban. Las vi como abrían desmesurados ojos y bocas, intentaban sus piros y gemidos tímidos, escondiendo sus mejillas en el pecho de mi marido, quien, no tuvo más remedio que hacer acopio de sus dotes histriónicas profundas pues sus gestos plácidos, de compostura y tranquilidad fueron tan rígidos, mecánicos que solo lograron engañar a las niñas. Yo sabía lo que una tempestad producía en él. Yo conozco la escena una y mil veces llorada de cuando su padre golpeaba a su madre con la brida del caballo allá en la hacienda de su niñez. Yo sé como ese sonido se sumó a sus miedos y lo enclaustró en la atmosfera helada de aquella tarde huracanizada que destrozó los ciruelos de la finca.
Los ojos lo delatan siempre. Pero, las niñas no vieron rodar la lágrima…
En ese humor de cristal líquido, desde la distancia, me vi yo misma reflejada, con mis ojeras violetas, mi bufanda lavanda y el terror a que descubrieran que no les creo, a que se revelara que no me importan sus exageraciones mimosas, que los desprecio por apartarme de sus teatros empalagosos, que se compruebe que jamás he amado; ni siquiera a mí misma. Que soy una mujer muerta, sin brillos, como los ventanales fríos pero empañados que nos separan de la verdad de esa luz que siempre viene de afuera y señala a los que fingen amar.